Tendencia en la industria de pagos: recuperar la confianza

2020 fue el año del impacto inesperado, seguido del desconcierto, de los intentos de coordinación por parte de las administraciones públicas y de las promesas de vuelta a la normalidad. Fue el año de las verdades reveladas tras las informaciones falsas y tendenciosas. Fueron meses difíciles durante los cuales la esperanza surgió desde los aplausos y luego desapareció por los entresijos de las estadísticas. 2020 cambió el curso de la historia y lo tejió con miles de millones de pequeñas historias que trataron de dejar atrás el dolor por las pérdidas personales y la crisis económica, para afrontar un nuevo año de transición. 2021 será (así lo deseamos) el año de la inflexión, de la detección de oportunidades; un ejercicio para vislumbrar tendencias que ayuden a la recuperación, no sin antes haber restaurado primero la confianza como individuos, como empresas y como sociedades.

Uno de los aspectos que han cambiado radicalmente ha sido la forma de relacionarnos personal, laboral y comercialmente, de manera que el distanciamiento impuesto y el adoptado por miedo al contagio han impulsado los medios digitales para evitar contactos directos y resolver cualquier transacción financiera “a golpe de click”. De esta forma, los medios de pago tradicionales han sufrido una revolución importante, impulsando a la industria a innovar con rapidez para dar respuesta a las múltiples y apremiantes necesidades de los usuarios y, por otro lado, a adoptar fuertes medidas de seguridad frente a la escalada del fraude (sobre todo en el comercio electrónico) adecuando sus sistemas para desarrollar barreras que frenen al ingenio de la delincuencia informática (recordemos al anterior artículo “3DS2: solución y reto”).

La desconfianza de los consumidores, como destaca un reciente informe de Capgemini, hacia los medios físicos a causa del Covid-19 ha supuesto la migración hacia canales de banca electrónica, el incremento del uso de aplicaciones financieras móviles y la preferencia por chatbots para interactuar; comportamientos estos que se están consolidando y que se mantendrán una vez finalice la pandemia, de la misma manera que lo harán para el comercio electrónico en detrimento del uso del dinero en efectivo.

No obstante, la transformación digital debe llevarse a cabo al unísono entre empresas, entidades de pago y consumidores para que no se produzcan tres velocidades que impidan, por un lado, una experiencia de usuario excelente y, por otro, la simplificación y agilidad de los procesos que puedan favorecer la consolidación del sistema. Para lograrlo es necesario aplicar una visión holística a la cadena de valor de la industria de pagos, desde que el cliente decide iniciar una transacción hasta que se cierran los apuntes de compensación y liquidación.

En este sentido, tal como se apunta en el World Payments Report 2020 de Capgemini, la industria de pagos debe ser reformulada atendiendo a diversos factores:

  • Iniciativas regulatorias que avancen en el modelo de “open banking”, en la ampliación de las directivas PSD2, RGPD y SCA, y en la estandarización e interoperabilidad de los procesos y transacciones económicas.
  • Mayor conocimiento del consumidor mediante una segmentación más profunda, sobre todo para impulsar la digitalización de las relaciones en los modelos de negocio B2B, para promover el cambio de conducta de empresas y consumidores y para acelerar el trasvase de los pagos en efectivo a los electrónicos.
  • Innovación tecnológica dedicada a incrementar el uso de API’s abiertas, del Cloud computing y de los procesos centralizados de pagos, a consolidar los sistemas de eCommerce y los métodos de pago alternativos, favoreciendo los métodos sin contacto y las billeteras digitales.
  • Consolidación del posicionamiento competitivo de los actuales “players” como respuesta a la entrada de nuevas empresas digitales, a la pérdida de negocio y de vinculación de clientes.

Y tener en cuenta que los canales remotos se han vuelto cada vez más cruciales para administrar las relaciones con los clientes y generar ingresos de manera sostenible al sentirse estos cada vez más cómodos con su uso siempre que se aplique la estrategia correcta, se demuestre un compromiso convincente con el cliente y se lleve a cabo una excelente práctica operativa que impulse lo que McKinsey denomina «ejecución del valor del cliente» (CVEx).

Para ello, las compañías deben evaluar el ciclo completo de pagos y observar en todos los puntos de contacto, sobre todo los que influyen en la decisión de uso del canal electrónico, las variables que pueden alimentar sus bases de datos de cuyo análisis surjan criterios para generar oportunidades que incrementen la tasa de conversión y, por tanto, de ingresos. Esto requiere, además, alinear la ejecución operativa con la personalización de la oferta, la estrategia omnicanal y el servicio al cliente. Una visión global que atraiga y fortalezca la confianza del cliente a través de una experiencia satisfactoria.

A partir de aquí, las tendencias más relevantes que seguirán marcando la evolución de la industria de pagos continuarán casi todas ellas siendo las mismas que desde hace una década: billeteras digitales, chatbots, aplicaciones móviles propias, realidad aumentada y realidad virtual, autenticación biométrica, búsquedas por voz, servicios iBeacon, APP’s integradoras de diversos servicios, desarrollos en blockchain y uso de tecnología 5G.

Aunque en su conjunto estas tendencias ponen el foco en la tecnología, será difícil que, por sí solas, valgan para afianzar la confianza de los usuarios, quienes durante la pandemia han apostado por ella como recurso utilitario y, sin embargo, esperan que subyaga un propósito o compromiso del mercado más implicado con su estado emocional que con el instrumental de resolver una transacción económica.

José Manuel Navarro Llena.

CMO – MOMO Group

Publicado en el Nº 65 de IT USER (págs. 96-98)

3DS2: solución y reto

Desde el pasado 1 de enero los bancos emisores de tarjetas y las empresas proveedoras de servicios de pago han debido implementar el sistema de autenticación reforzada (SCA), tal como recoge la Directiva UE 2015/2366 (PSD2) para garantizar la seguridad en las transacciones de pago realizadas por medios electrónicos y en entornos online (eCommerce). Ello implica la adaptación, por parte de aquellas organizaciones y de los comercios, de sus sistemas al protocolo de autenticación “3D-Secure 2.0”, el cual supone un avance importante sobre el anterior 3DS, lanzado en 1999.

Con el 3DS, las entidades emisoras han podido impedir y reducir el fraude comprobando que el usuario que pretende realizar un pago online con tarjeta sea el titular real. Ello ha permitido añadir una capa de seguridad adicional para evitar las devoluciones e incidencias por substracción de datos o suplantación de titularidad, y trasladar parte de la responsabilidad a la entidad que autorizó el pago.

La tecnología ha avanzado exponencialmente en las últimas dos décadas, siendo necesario adaptar la seguridad a los nuevos dispositivos y plataformas de eCommerce, por lo que la aparición de la 3DS2 hace unos años ha significado ampliar las opciones de autenticación y preparar las plataformas para generar más datos desde el vendedor a la entidad emisora; esto refuerza la verificación dinámica del titular mediante métodos de análisis inteligentes que evalúan el riesgo de la transacción para decidir qué nivel de comprobación hay que aplicar. Ello redunda en la posibilidad de personalizar las opciones de autenticación con alternativas como la biometría o la generación de códigos de un solo uso, lo que mejorará la experiencia de usuario, haciendo más simple el proceso y reduciendo el riesgo de abandono durante el proceso de compra.

Aunque la 3DS y la 3DS2 han convivido algún tiempo, es desde la entrada en vigor de la directiva europea PSD2 cuando el segundo método se hace más necesario para aplicar la autenticación reforzada del cliente (SCA) en todo el Espacio Económico Europeo. La SCA introduce tres métodos o factores de verificación adicionales a los habituales de fecha de caducidad y CVV, de los cuales dos deben usarse de manera independiente, aunque sucesivas, para acreditar la identidad el titular del medio de pago. Estos factores son de conocimiento (algo que el cliente conoce, por ejemplo su PIN), de posesión (algo que titular tiene, por ejemplo su móvil) y de inherencia (algo que es particular del usuario, por ejemplo su huella dactilar).

En el primer trimestre de este año, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) emitirá un informe sobre el estado de cumplimiento de la aplicación de la SCA por parte de entidades emisoras, proveedores de servicios de pago, entidades de dinero electrónico, pasarelas de pago, etc., a partir de la información proporcionada por las autoridades nacionales competentes, lo que aportará una imagen real de las capacidades de adaptación y resolución de estas empresas a la nueva normativa.

Esta información será relevante para justificar o repensar las sospechas de incremento de fraude que se han producido como consecuencia de la aceleración digital ocasionada durante 2020 debido al confinamiento y al crecimiento de las compras en canales online. Según el informe «Visa Back to Business Study – 2021«, el 82% de las pymes encuestadas se ha tenido que adaptar digitalmente para satisfacer los cambios en el comportamiento de los consumidores y prevén adoptar mejoras en el software de gestión de seguridad y fraude (47%), aceptar pagos móviles y NFC (44%), introducir nuevos sistemas de pago aplazado (36%) e impulsar envíos de dinero inmediato, por suscripción o recurrentes (31%).

Este panorama invita a prepararse frente a la proliferación de actos fraudulentos, como los descritos por Experian en su informe Future of Fraud Forecast, en el que destaca cinco amenazas que pueden presentarse en 2021.

  • ID Frankenstein, o identidad sintética, se produce cuando se usa parte de información real y parte falsa para crear una identidad nueva. Está siendo muy común en la composición de rostros aparentes en la generación del alta de un perfil de cliente inexistente que pueda ser utilizado en los sistemas de reconocimiento facial.
  • Oferta de vacunas contra la COVID-19, como las advertidas por las autoridades sanitarias en la que se usan plataformas de venta para captar consumidores vulnerables y sustraer datos de sus medios de pago.
  • Robo de subvenciones y fondos de estímulo para personas que han sufrido la crisis económica de la pandemia, mediante la suplantación de identidad para interceptar pagos.
  • Automatización de métodos de fraude a través de bots y scripts que, a partir del robo de las credenciales, pueden usar para crear cuentas falsas de usuario para lanzar ataques a empresas o entidades.
  • Mayor vulnerabilidad de las empresas con sistemas de prevención de fraude mediocres o insuficientes, que suelen ser las que han tenido que adaptarse rápidamente al eCommerce para sobrevivir durante el prologando confinamiento y cierre de establecimientos físicos.

Aunque estas predicciones se han hecho para el mercado USA, pueden ser aplicables a nivel global ya que la situación ha afectado a toda la industria de pagos que, en general, debe seguir manteniendo la confianza del consumidor en los sistemas sin contacto y en una identidad digital que realmente sea segura y unificada universalmente. La diversidad de soluciones dependiendo de sistemas, plataformas, entidades y países hacen que el usuario siga siendo vulnerable y que la revolución de los pagos digitales continúe posponiéndose hasta que no se brinde una identificación y una verificación únicas y sencillas, de manera que el usuario tenga mayor sensación de seguridad y su experiencia de uso sea inmejorable y la misma para todos los procesos de pago.

Los emisores de tarjetas tienen el desafío de innovar en su producto para añadir nuevos sistemas, como sensores biométricos, o abordar nuevos conceptos, como el de tarjeta inteligente, para compensar el avance de los pagos electrónicos en dispositivos móviles, y adelantarse a soluciones de envío de dinero inmediato (transferencias y adeudos directos) que pueden prescindir de intermediarios financieros, moviendo el dinero del comprador al vendedor en una sola transacción. En cualquier caso, la directiva europea de servicios de pago (PSD2) y la regulación bancaria están ampliando las posibilidades para que el mercado de pagos sea versátil e innovador, pero también exigen que sea altamente seguro para el usuario, lo cual pasa por el cumplimiento de los requerimientos de autenticación (SCA) y el uso del estándar de seguridad 3DS2 para garantizar la identificación digital.

No obstante, estos requerimientos pueden tener un impacto negativo sobre el mercado de pagos, ya que, según se desprende del informe Evaluación del Impacto Económico de la SCA realizado por CMSPI, un 59% de las transacciones podrían ser abandonadas por el usuario durante el proceso de autenticación por varios motivos: la complejidad para verificar la identidad, errores técnicos en las transacciones o deficiente adaptación del 3DS al 3DS2 por parte de entidades (solo el 7% en España puede realizarlo con garantías) y comercios (no hay % cierto).

El verdadero reto que sería necesario abordar radica en evolucionar el 3DS2 hacia un sistema que permita la creación de una identidad que sea propiedad del usuario, que pueda ser administrada y controlada por éste en cualquier transacción y dispositivo, y que sea universal, tanto para los agentes que intervienen desde la iniciación del pago como para los medios que el usuario decida usar.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO en MOMO Group.

Publicado en el Nº 64 de IT USER (págs. 77-79)

 

Phygital Payments

Recientemente, la Federación Bancaria Europea (EBF) ha publicado su informe anual “Banking in Europe: Facts & Figures” en el que expone cómo el sector financiero se está contrayendo en Europa de manera continua, tanto en lo referente a la red de oficinas como al personal. Una de las razones ha sido el impacto de la pandemia sobre la volatilidad de los mercados, aunque la respuesta coordinada de los bancos centrales haya frenado consecuencias más desafortunadas. Otra ha sido la adopción urgente y necesaria de la banca digital por parte de la gran mayoría de usuarios de servicios financieros y, sobre todo, de los servicios de pago.

En la última década, el número de instituciones financieras se ha reducido casi un 30%, siendo la contracción de sucursales de poco más del 31% en el mismo periodo. En cuanto a los empleados, en el conjunto europeo se han perdido casi el 20% de empleos, es decir, más de 640.000 personas se han visto forzadas a cambiar de actividad. Las previsiones indican que continúe esta tendencia debido al auge de la banca por internet y a la automatización de todos los procesos de negocio, fruto también de la flexibilidad legislativa, supervisora y regulatoria que ha permitido la entrada de nuevos agentes 100% digitales (Neobancos y Challenger Banks), principales responsables de la aceleración de la transformación digital del sector tradicional para mantener su posicionamiento competitivo.

Si la tecnología ha modificado muchas de nuestras pautas de conducta de consumo y la manera en la que las personas interactuamos, la situación actual ha consolidado definitivamente el “comportamiento digital” incluso en sectores que, hasta hace poco, se resistían o no tenían la capacidad ni los recursos para realizar transacciones electrónicas. Esta ha sido otra de las claves que la banca ha usado como excusa para avanzar con rapidez en la migración digital, substituyendo los sistemas heredados con nuevos desarrollos y, sobre todo, aplicando la innovación a la industria de pagos, mejorando las aplicaciones móviles y simplificando las transacciones con el respaldo de elevados estándares de seguridad y de sistemas inteligentes.

En el caso de los emisores de tarjeta, han tenido que realizar una rápida adaptación para trasladar el soporte físico al virtual, revisar su modelo operativo y, en el ámbito comercial, centrarse en la experiencia del cliente como argumento principal para mantener las cifras de negocio sin perder a futuro un lugar preferente en el monedero de sus clientes. Esto requiere de importantes inversiones, que deben aplicar a sus propias estructuras o mediante la subcontratación de arquitecturas modulares de terceros para garantizar la eficiencia y el “time to market”.

El crecimiento del comercio electrónico en estos meses de aislamiento y miedo al uso del dinero en efectivo apunta a que, en los próximos dos años, casi el 80% de las compras se realizarán mediante tarjeta física o eWallets, en una proporción de 3 a 5 respectivamente. Aunque en ambos casos estamos hablando del mismo producto, tarjeta de crédito o débito, sus atributos ya consolidados, como la familiaridad, universalidad, seguridad, fiabilidad, etc., les garantizarán la continuidad, si bien los emisores no pueden perder de vista la entrada de los sistemas de pago basados en cuentas, como las transferencias instantáneas o las domiciliaciones directas, que abaratarán costes de transacción, reducirán la intervención de intermediarios y evitarán el uso de instrumentos de pago adicionales.

La más que probable competencia entre ambos modelos, tarjeta vs cuenta, requerirá de fuertes inversiones para el ajuste de los puntos y canales de venta, la gestión de los flujos de dinero y para la aceptación de compradores y vendedores. Dado que la regulación de los sistemas de pago (a través de las directivas PSD2, GDPR, PAD, WTR2, AML5) ya prevé los nuevos escenarios que vamos a encontrar, se espera que la industria financiera, en su conjunto, perfile una estrategia que ubique al usuario no en el centro de su foco innovador, sino en toda la cadena de valor del proceso de pago ya que, como emisores y adquirentes de pagos tienen una dilatada experiencia en la administración de cuentas y de tarjetas cuya operatoria básica terminará confluyendo en una solución única y simplificada, que mejorará substancialmente la experiencia de pago del usuario, siendo ésta más consistente y coherente con sus expectativas, tanto en entornos físicos como virtuales.

La frontera entre lo offline y lo online se reducirá a una línea imperceptible cuando se consiga que el usuario opere de forma segura y confiable en cualquier canal con una misma solución tecnológica que respalde el pago de extremo a extremo. Dará igual que una misma persona realice transacciones de pago en una tienda física o en una digital ya que la experiencia será muy parecida al seguir procesos similares que unificarán las pautas de conducta en ambos entornos. Tampoco habrá diferenciación entre cuenta o tarjeta porque el origen del pago se hará desde un depósito digital y a través de un dispositivo también electrónico (o biométrico).

Si recuperamos el concepto “phygital” usado en marketing, en muy poco tiempo estaremos ante los “Phygital Payments” para lo cual la industria financiera tendrá que orientarse a conectar la experiencia de pago online y offline con total fluidez, garantizando inmediatez y agilidad en los procesos, aportando los recursos para obtener una experiencia inmersiva y emocionalmente positiva, y permitiendo la interacción humana para mantener activo el contacto personal que hace más creíble y confiable la comunicación entre las partes que intervienen.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO en MOMO Group 

Publicado en el Nº 63 de IT USER (págs. 144-146)

2021: Año Fintech

Cuando pensamos en innovación financiera, en la actualidad ponemos el acento en la industria Fintech, ya que es la que está aportando un valor diferencial real a la oferta tradicional de productos y servicios básicos frente a una banca que ha reaccionado a rebufo de las pequeñas empresas tecnológicas nacidas de las convulsas consecuencias de la crisis del 2008.

Asociar Fintech e innovación es intuitivo porque la tecnología define su base de actividad; pero deberíamos tener en cuenta que lo trascendente de la innovación no es añadir capas de tecnología (fundamentalmente digital) a productos o procesos ya existentes para mejorar los primeros o hacer más eficientes los segundos, sino que su efecto ha de tener la capacidad de mejorar los niveles de vida de las personas que están involucradas en su aplicación. Y hablo de las personas, no directamente de la empresa, ya que los resultados positivos en el balance de ésta serán consecuencia de que las innovaciones llevadas a cabo proporcionen ese incremento de calidad de vida de empleados y clientes. Los primeros porque se benefician del uso de herramientas que permiten mejorar su productividad y poner en valor sus habilidades para que esa innovación sea incremental; y los segundos porque pueden acceder a productos y servicios directamente relacionados con sus necesidades, mediante la adopción de aplicaciones y sistemas a su alcance en función de sus capacidades económicas y tecnológicas. En este punto, si la oferta y la demanda encuentran un equilibrio estable será cuando la innovación tenga sentido y éxito.

En la última década, la banca convencional ha luchado por alcanzar y mantener ese equilibrio con diferentes resultados, confusos cuando abordar la transformación digital ha venido aparejada del cierre de oficinas y reducción de plantilla. Paralelamente, nuevos agentes han entrado en liza partiendo de la ventaja de tener resuelta la propuesta de innovación tecnológica y una narrativa coherente con las expectativas del mercado. Así, Neobancos y Challenger Banks han ocupado una parte importante del panorama financiero y se han posicionado como las alternativas viables o como los aliados necesarios para sustentar el sector con una oferta conveniente, pertinente y que concierna a los intereses reales de sus clientes.

En medio de esta historia, se nos ha colado la crisis de la Covi19 trastocando la planificación estratégica de las entidades y, sobre todo, truncando vidas y proyectos personales. Los cambios de conducta de consumo de los clientes no solo han obedecido a la necesaria adaptación a una realidad donde los puntos de contacto se han reducido a los canales electrónicos, sino que el elevado desempleo, por un lado, y el requerimiento de perfiles tecnológicos, por otro, han ampliado el escenario de riesgo que no encaja con los modelos de evaluación estándares usados hasta el momento, los cuales han de ser revisados para incorporar parámetros relacionados con perfiles comportamentales y psicológicos.

Los factores que impulsaron las Fintech en estos años arraigaron con fuerza, si bien la crisis del coronavirus ha enfatizado su presencia, sobre todo en mercados como los asiáticos, donde los nuevos ecosistemas financieros avalados por Ant Financial (Alipay), Tencent (WeChat) y PayTM (PayTM Payments Bank) han afianzado, además, nuevos estilos de vida. En las economías occidentales, con ideologías y sistemas económicos muy diferentes, ha primado la regulación para proteger la privacidad de datos y permitir el acceso a la información bancaria (open banking), lo que ha favorecido la aparición de un número mayor de entidades en las que el usuario puede depositar su confianza, atributo que se ha convertido en valor estratégico.

Por encima de la oferta de productos y servicios (únicamente diferenciables por precio), estas dos variables, conocimiento del cliente y la confianza de éste, son las que marcarán la ventaja competitiva junto con una tercera: el propósito. Éste se ha convertido, más allá de las políticas particulares de RSC, en el eje principal de relación entre la empresa y su mercado, con el que puede demostrar la defensa de sus principios sociales y medioambientales, y con el que puede dar forma a sus objetivos de desarrollo.

Tecnología (5G, Apis abiertas, blockchain, AI, Data Sciences, XaaS…) y regulación harán que la banca tienda a ser cada día más invisible y ubicua. Que abandone la distribución vertical y se cuele mediante asociaciones en ecosistemas no financieros para dar soporte a transacciones financieras. Para lograrlo, será la proveedora de la plataforma y de los servicios (modulares como un tangram) ofertados, pero no será propietaria del canal ni responsable de la primera capa de experiencia del usuario, en la que éste debe sentirse autónomo y confiar en la seguridad de sus operaciones. El cliente será, no el centro, sino la entrada y salida de todo el proceso de negocio, en el que los ingresos no vendrán determinados por la venta de productos y servicios tasados, sino por el coste aplicado a las transacciones realizadas (asumido por el usuario y/o por las empresas que usan la plataforma financiera).

Mientras que a la banca convencional le costará cambiar su enfoque y adaptar su arquitectura heredada, las Fintech tienen en 2021 (segundo año de pandemia) la oportunidad de consolidarse manejando aquellas tres variables: conocimiento de cliente, confianza y propósito, para construir una conexión emocional con el cliente a través del valor que pueden aportar en cualquiera de los puntos de contacto que puedan establecer con él. No se trata de hiper-personalizar la oferta de servicios sino de estar (“sin estar”) detrás de cualquiera de las acciones que haga el usuario y que precise una transacción financiera.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group.

 Publicado en el Nº 62 de IT USER (págs. 78-80)

SEFIDE EDE colabora con Alipay para promover la interoperabilidad de los pagos móviles en Europa

SEFIDE EDE, junto con Bluecode, ePassi, Pagaqui, Pivo, Vipps y Alipay colaboran para promover la interoperabilidad de los pagos digitales en toda Europa, adoptando un formato unificado de código QR para proporcionar servicios integrados y mejorados a viajeros, expatriados y comerciantes. tanto de Europa como de China. Ello implica marcar en la conexión del próspero pero fragmentado panorama de pagos móviles en Europa.

Cuando estén totalmente realizados, los usuarios de los seis monederos digitales europeos participantes podrán realizar pagos basados en códigos QR con sus aplicaciones domésticas a comerciantes locales de 10 países europeos en los que se acepten dichas aplicaciones. Al mismo tiempo, los comerciantes que ya aceptan pagos móviles a través de las seis aplicaciones en sus respectivos mercados nacionales también podrán aceptar fácilmente los pagos realizados por clientes de los otros países cubiertos por la colaboración. Además, los usuarios chinos de Alipay también pueden realizar pagos a los comerciantes que aceptan estas billeteras.

ePassi, con sede en Helsinki, y Vipps, con sede en Oslo, han comenzado a preparar el despliegue de este formato de código QR para los usuarios de varios países nórdicos, mientras que nuestra empresa, con nuestro wallet “momo pocket”, la portuguesa Pagaqui y la austriaca Bluecode tenemos la intención de ampliar la colaboración a finales de este verano en nuestros respectivos mercados nacionales. Construida sobre la base de una asociación similar anunciada en diciembre entre dos empresas nórdicas, Vipps y ePassi, y Alipay, con sede en Hangzhou, China, se espera que esta colaboración abierta continúe expandiéndose a más países y empresas europeas en el futuro.

La colaboración, la primera de este tipo en Europa, reunirá a los usuarios de los seis socios de monederos móviles, que son más de 5 millones en total, y a unos 190.000 comerciantes en Europa, así como a un número cada vez mayor de viajeros procedentes de China. Además, a medida que cada una de las firmas participantes crece la base de usuarios y la red de comerciantes, el crecimiento también es beneficioso para todos los comerciantes y usuarios de las firmas colaboradoras, respectivamente.

Las empresas que nos hemos asociado, hemos acordado aplicar un formato de código QR compatible proporcionado por Alipay, la aplicación más utilizada en el mundo fuera de las aplicaciones sociales. ePassi y Bluecode ofrecerán servicios técnicos a los monederos participantes para simplificar el proceso de integración entre ellos.

El anuncio de esta colaboración se ha producido después de que Alipay activara la asociación mundial de ocho años con la UEFA en Oporto, donde acaba de concluir la final inaugural de la Liga de Naciones. «Nos sentimos honrados de ayudar a promover un estilo de vida inteligente y experiencias digitales en Europa, mientras continuamos conectando a más comerciantes con más turistas chinos. Creemos que el pago móvil es un lenguaje universal que puede ayudar a conectar a la gente como lo hace el fútbol«, dijo Eric Jing, Presidente y CEO de Ant Financial.

Alipay atiende actualmente a más de 1.000 millones de usuarios con sus socios locales de e-wallets con sede en Asia. Lanzado en 2004, Alipay ha evolucionado de una billetera digital a un habilitador de estilo de vida. Los usuarios pueden tomar un taxi, reservar un hotel, comprar boletos de cine, pagar cuentas de servicios públicos, hacer citas con médicos o comprar productos de administración de patrimonio directamente desde la aplicación.

Además, la tecnología de Alipay se está utilizando para permitir que más de 200 instituciones financieras chinas mejoren la eficiencia y reduzcan los costos operativos. El servicio de pago en tiendas de Alipay cubre más de 50 mercados en todo el mundo, y el reembolso de impuestos a través de la aplicación está soportado en 35 mercados.

«momo pocket fue el primer wallet que procesó pagos a través de dispositivos móviles en España hace seis años. Desde entonces, nos hemos expandido para ayudar a nuestros comerciantes a aumentar sus ventas al aceptar pagos QR de miles de turistas chinos a través de Alipay«, ha comentado Mariano de Mora, nuestro CEO. «Estamos encantados de ver cómo esta colaboración con otras wallet de pago europeos pueden traer a millones de usuarios a nuestra red de comerciantes en España y ofrecer a nuestros usuarios cientos de miles de lugares para pagar con su aplicación momo pocket en toda Europa«.

 

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