SEFIDE EDE cumple PCI-DSS

SEFIDE EDE ha superado con éxito los requerimientos para la SAQ-D exigidos por la Payment Card Industry Data Security Standard (PCI DSS), a través de la auditoría realizada por Internet Securiy Auditors SL, demostrando así estar adaptada a los estándares de la normativa europea como entidad que almacena, procesa y transmite datos de tarjeta.

Ello implica que garantizamos:

  • La seguridad y protección de los datos de las tarjetas de nuestros clientes, tanto a nivel de arquitectura técnica (estructura de red, configuración de equipos, procedimientos técnicos, etc.) como a nivel de procedimientos operativos de gestión.
  • La implantación de procedimientos para controlar y monitorizar los riesgos periféricos y vulnerabilidades existentes, así como para establecer las contramedidas necesarias para afrontar esas potenciales amenazas.
  • La aplicación de controles periódicos para fortalecer la seguridad de nuestros sistemas y del entorno, motivando a todo el equipo de la compañía a ser conscientes de la importancia de la protección de los datos de tarjetas y de la ejecución de las acciones adecuadas para ello con independencia de su nivel de responsabilidad dentro de la empresa.
  • La gestión y monitorización de los proveedores y agentes implicados en el cumplimiento de esta regulación, por lo que la externalización de cualquiera de nuestros servicios no disminuye la seguridad del mismo, sino que se mantiene el nivel de exigencia.
  • El estricto control de posibles incidentes de seguridad, lo cuales serían detectados en su fase más temprana, minimizando posibles repercusiones en el negocio y en la imagen ante los usuarios.
  • La diferenciación con empresas del sector que no cumplan los estándares PCI-DSS, ya que aportamos a los usuarios las garantías de seguridad a la hora del tratamiento de sus datos sensibles.
  • La monitorización del entorno de cumplimiento, la revisión de registros de auditorías, las revisiones de seguridad técnicas periódicas y el control sobre la gestión de cambios en los procedimientos.

Tendencia en la industria de pagos: recuperar la confianza

2020 fue el año del impacto inesperado, seguido del desconcierto, de los intentos de coordinación por parte de las administraciones públicas y de las promesas de vuelta a la normalidad. Fue el año de las verdades reveladas tras las informaciones falsas y tendenciosas. Fueron meses difíciles durante los cuales la esperanza surgió desde los aplausos y luego desapareció por los entresijos de las estadísticas. 2020 cambió el curso de la historia y lo tejió con miles de millones de pequeñas historias que trataron de dejar atrás el dolor por las pérdidas personales y la crisis económica, para afrontar un nuevo año de transición. 2021 será (así lo deseamos) el año de la inflexión, de la detección de oportunidades; un ejercicio para vislumbrar tendencias que ayuden a la recuperación, no sin antes haber restaurado primero la confianza como individuos, como empresas y como sociedades.

Uno de los aspectos que han cambiado radicalmente ha sido la forma de relacionarnos personal, laboral y comercialmente, de manera que el distanciamiento impuesto y el adoptado por miedo al contagio han impulsado los medios digitales para evitar contactos directos y resolver cualquier transacción financiera “a golpe de click”. De esta forma, los medios de pago tradicionales han sufrido una revolución importante, impulsando a la industria a innovar con rapidez para dar respuesta a las múltiples y apremiantes necesidades de los usuarios y, por otro lado, a adoptar fuertes medidas de seguridad frente a la escalada del fraude (sobre todo en el comercio electrónico) adecuando sus sistemas para desarrollar barreras que frenen al ingenio de la delincuencia informática (recordemos al anterior artículo “3DS2: solución y reto”).

La desconfianza de los consumidores, como destaca un reciente informe de Capgemini, hacia los medios físicos a causa del Covid-19 ha supuesto la migración hacia canales de banca electrónica, el incremento del uso de aplicaciones financieras móviles y la preferencia por chatbots para interactuar; comportamientos estos que se están consolidando y que se mantendrán una vez finalice la pandemia, de la misma manera que lo harán para el comercio electrónico en detrimento del uso del dinero en efectivo.

No obstante, la transformación digital debe llevarse a cabo al unísono entre empresas, entidades de pago y consumidores para que no se produzcan tres velocidades que impidan, por un lado, una experiencia de usuario excelente y, por otro, la simplificación y agilidad de los procesos que puedan favorecer la consolidación del sistema. Para lograrlo es necesario aplicar una visión holística a la cadena de valor de la industria de pagos, desde que el cliente decide iniciar una transacción hasta que se cierran los apuntes de compensación y liquidación.

En este sentido, tal como se apunta en el World Payments Report 2020 de Capgemini, la industria de pagos debe ser reformulada atendiendo a diversos factores:

  • Iniciativas regulatorias que avancen en el modelo de “open banking”, en la ampliación de las directivas PSD2, RGPD y SCA, y en la estandarización e interoperabilidad de los procesos y transacciones económicas.
  • Mayor conocimiento del consumidor mediante una segmentación más profunda, sobre todo para impulsar la digitalización de las relaciones en los modelos de negocio B2B, para promover el cambio de conducta de empresas y consumidores y para acelerar el trasvase de los pagos en efectivo a los electrónicos.
  • Innovación tecnológica dedicada a incrementar el uso de API’s abiertas, del Cloud computing y de los procesos centralizados de pagos, a consolidar los sistemas de eCommerce y los métodos de pago alternativos, favoreciendo los métodos sin contacto y las billeteras digitales.
  • Consolidación del posicionamiento competitivo de los actuales “players” como respuesta a la entrada de nuevas empresas digitales, a la pérdida de negocio y de vinculación de clientes.

Y tener en cuenta que los canales remotos se han vuelto cada vez más cruciales para administrar las relaciones con los clientes y generar ingresos de manera sostenible al sentirse estos cada vez más cómodos con su uso siempre que se aplique la estrategia correcta, se demuestre un compromiso convincente con el cliente y se lleve a cabo una excelente práctica operativa que impulse lo que McKinsey denomina «ejecución del valor del cliente» (CVEx).

Para ello, las compañías deben evaluar el ciclo completo de pagos y observar en todos los puntos de contacto, sobre todo los que influyen en la decisión de uso del canal electrónico, las variables que pueden alimentar sus bases de datos de cuyo análisis surjan criterios para generar oportunidades que incrementen la tasa de conversión y, por tanto, de ingresos. Esto requiere, además, alinear la ejecución operativa con la personalización de la oferta, la estrategia omnicanal y el servicio al cliente. Una visión global que atraiga y fortalezca la confianza del cliente a través de una experiencia satisfactoria.

A partir de aquí, las tendencias más relevantes que seguirán marcando la evolución de la industria de pagos continuarán casi todas ellas siendo las mismas que desde hace una década: billeteras digitales, chatbots, aplicaciones móviles propias, realidad aumentada y realidad virtual, autenticación biométrica, búsquedas por voz, servicios iBeacon, APP’s integradoras de diversos servicios, desarrollos en blockchain y uso de tecnología 5G.

Aunque en su conjunto estas tendencias ponen el foco en la tecnología, será difícil que, por sí solas, valgan para afianzar la confianza de los usuarios, quienes durante la pandemia han apostado por ella como recurso utilitario y, sin embargo, esperan que subyaga un propósito o compromiso del mercado más implicado con su estado emocional que con el instrumental de resolver una transacción económica.

José Manuel Navarro Llena.

CMO – MOMO Group

Publicado en el Nº 65 de IT USER (págs. 96-98)

3DS2: solución y reto

Desde el pasado 1 de enero los bancos emisores de tarjetas y las empresas proveedoras de servicios de pago han debido implementar el sistema de autenticación reforzada (SCA), tal como recoge la Directiva UE 2015/2366 (PSD2) para garantizar la seguridad en las transacciones de pago realizadas por medios electrónicos y en entornos online (eCommerce). Ello implica la adaptación, por parte de aquellas organizaciones y de los comercios, de sus sistemas al protocolo de autenticación “3D-Secure 2.0”, el cual supone un avance importante sobre el anterior 3DS, lanzado en 1999.

Con el 3DS, las entidades emisoras han podido impedir y reducir el fraude comprobando que el usuario que pretende realizar un pago online con tarjeta sea el titular real. Ello ha permitido añadir una capa de seguridad adicional para evitar las devoluciones e incidencias por substracción de datos o suplantación de titularidad, y trasladar parte de la responsabilidad a la entidad que autorizó el pago.

La tecnología ha avanzado exponencialmente en las últimas dos décadas, siendo necesario adaptar la seguridad a los nuevos dispositivos y plataformas de eCommerce, por lo que la aparición de la 3DS2 hace unos años ha significado ampliar las opciones de autenticación y preparar las plataformas para generar más datos desde el vendedor a la entidad emisora; esto refuerza la verificación dinámica del titular mediante métodos de análisis inteligentes que evalúan el riesgo de la transacción para decidir qué nivel de comprobación hay que aplicar. Ello redunda en la posibilidad de personalizar las opciones de autenticación con alternativas como la biometría o la generación de códigos de un solo uso, lo que mejorará la experiencia de usuario, haciendo más simple el proceso y reduciendo el riesgo de abandono durante el proceso de compra.

Aunque la 3DS y la 3DS2 han convivido algún tiempo, es desde la entrada en vigor de la directiva europea PSD2 cuando el segundo método se hace más necesario para aplicar la autenticación reforzada del cliente (SCA) en todo el Espacio Económico Europeo. La SCA introduce tres métodos o factores de verificación adicionales a los habituales de fecha de caducidad y CVV, de los cuales dos deben usarse de manera independiente, aunque sucesivas, para acreditar la identidad el titular del medio de pago. Estos factores son de conocimiento (algo que el cliente conoce, por ejemplo su PIN), de posesión (algo que titular tiene, por ejemplo su móvil) y de inherencia (algo que es particular del usuario, por ejemplo su huella dactilar).

En el primer trimestre de este año, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) emitirá un informe sobre el estado de cumplimiento de la aplicación de la SCA por parte de entidades emisoras, proveedores de servicios de pago, entidades de dinero electrónico, pasarelas de pago, etc., a partir de la información proporcionada por las autoridades nacionales competentes, lo que aportará una imagen real de las capacidades de adaptación y resolución de estas empresas a la nueva normativa.

Esta información será relevante para justificar o repensar las sospechas de incremento de fraude que se han producido como consecuencia de la aceleración digital ocasionada durante 2020 debido al confinamiento y al crecimiento de las compras en canales online. Según el informe «Visa Back to Business Study – 2021«, el 82% de las pymes encuestadas se ha tenido que adaptar digitalmente para satisfacer los cambios en el comportamiento de los consumidores y prevén adoptar mejoras en el software de gestión de seguridad y fraude (47%), aceptar pagos móviles y NFC (44%), introducir nuevos sistemas de pago aplazado (36%) e impulsar envíos de dinero inmediato, por suscripción o recurrentes (31%).

Este panorama invita a prepararse frente a la proliferación de actos fraudulentos, como los descritos por Experian en su informe Future of Fraud Forecast, en el que destaca cinco amenazas que pueden presentarse en 2021.

  • ID Frankenstein, o identidad sintética, se produce cuando se usa parte de información real y parte falsa para crear una identidad nueva. Está siendo muy común en la composición de rostros aparentes en la generación del alta de un perfil de cliente inexistente que pueda ser utilizado en los sistemas de reconocimiento facial.
  • Oferta de vacunas contra la COVID-19, como las advertidas por las autoridades sanitarias en la que se usan plataformas de venta para captar consumidores vulnerables y sustraer datos de sus medios de pago.
  • Robo de subvenciones y fondos de estímulo para personas que han sufrido la crisis económica de la pandemia, mediante la suplantación de identidad para interceptar pagos.
  • Automatización de métodos de fraude a través de bots y scripts que, a partir del robo de las credenciales, pueden usar para crear cuentas falsas de usuario para lanzar ataques a empresas o entidades.
  • Mayor vulnerabilidad de las empresas con sistemas de prevención de fraude mediocres o insuficientes, que suelen ser las que han tenido que adaptarse rápidamente al eCommerce para sobrevivir durante el prologando confinamiento y cierre de establecimientos físicos.

Aunque estas predicciones se han hecho para el mercado USA, pueden ser aplicables a nivel global ya que la situación ha afectado a toda la industria de pagos que, en general, debe seguir manteniendo la confianza del consumidor en los sistemas sin contacto y en una identidad digital que realmente sea segura y unificada universalmente. La diversidad de soluciones dependiendo de sistemas, plataformas, entidades y países hacen que el usuario siga siendo vulnerable y que la revolución de los pagos digitales continúe posponiéndose hasta que no se brinde una identificación y una verificación únicas y sencillas, de manera que el usuario tenga mayor sensación de seguridad y su experiencia de uso sea inmejorable y la misma para todos los procesos de pago.

Los emisores de tarjetas tienen el desafío de innovar en su producto para añadir nuevos sistemas, como sensores biométricos, o abordar nuevos conceptos, como el de tarjeta inteligente, para compensar el avance de los pagos electrónicos en dispositivos móviles, y adelantarse a soluciones de envío de dinero inmediato (transferencias y adeudos directos) que pueden prescindir de intermediarios financieros, moviendo el dinero del comprador al vendedor en una sola transacción. En cualquier caso, la directiva europea de servicios de pago (PSD2) y la regulación bancaria están ampliando las posibilidades para que el mercado de pagos sea versátil e innovador, pero también exigen que sea altamente seguro para el usuario, lo cual pasa por el cumplimiento de los requerimientos de autenticación (SCA) y el uso del estándar de seguridad 3DS2 para garantizar la identificación digital.

No obstante, estos requerimientos pueden tener un impacto negativo sobre el mercado de pagos, ya que, según se desprende del informe Evaluación del Impacto Económico de la SCA realizado por CMSPI, un 59% de las transacciones podrían ser abandonadas por el usuario durante el proceso de autenticación por varios motivos: la complejidad para verificar la identidad, errores técnicos en las transacciones o deficiente adaptación del 3DS al 3DS2 por parte de entidades (solo el 7% en España puede realizarlo con garantías) y comercios (no hay % cierto).

El verdadero reto que sería necesario abordar radica en evolucionar el 3DS2 hacia un sistema que permita la creación de una identidad que sea propiedad del usuario, que pueda ser administrada y controlada por éste en cualquier transacción y dispositivo, y que sea universal, tanto para los agentes que intervienen desde la iniciación del pago como para los medios que el usuario decida usar.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO en MOMO Group.

Publicado en el Nº 64 de IT USER (págs. 77-79)

 

Phygital Payments

Recientemente, la Federación Bancaria Europea (EBF) ha publicado su informe anual “Banking in Europe: Facts & Figures” en el que expone cómo el sector financiero se está contrayendo en Europa de manera continua, tanto en lo referente a la red de oficinas como al personal. Una de las razones ha sido el impacto de la pandemia sobre la volatilidad de los mercados, aunque la respuesta coordinada de los bancos centrales haya frenado consecuencias más desafortunadas. Otra ha sido la adopción urgente y necesaria de la banca digital por parte de la gran mayoría de usuarios de servicios financieros y, sobre todo, de los servicios de pago.

En la última década, el número de instituciones financieras se ha reducido casi un 30%, siendo la contracción de sucursales de poco más del 31% en el mismo periodo. En cuanto a los empleados, en el conjunto europeo se han perdido casi el 20% de empleos, es decir, más de 640.000 personas se han visto forzadas a cambiar de actividad. Las previsiones indican que continúe esta tendencia debido al auge de la banca por internet y a la automatización de todos los procesos de negocio, fruto también de la flexibilidad legislativa, supervisora y regulatoria que ha permitido la entrada de nuevos agentes 100% digitales (Neobancos y Challenger Banks), principales responsables de la aceleración de la transformación digital del sector tradicional para mantener su posicionamiento competitivo.

Si la tecnología ha modificado muchas de nuestras pautas de conducta de consumo y la manera en la que las personas interactuamos, la situación actual ha consolidado definitivamente el “comportamiento digital” incluso en sectores que, hasta hace poco, se resistían o no tenían la capacidad ni los recursos para realizar transacciones electrónicas. Esta ha sido otra de las claves que la banca ha usado como excusa para avanzar con rapidez en la migración digital, substituyendo los sistemas heredados con nuevos desarrollos y, sobre todo, aplicando la innovación a la industria de pagos, mejorando las aplicaciones móviles y simplificando las transacciones con el respaldo de elevados estándares de seguridad y de sistemas inteligentes.

En el caso de los emisores de tarjeta, han tenido que realizar una rápida adaptación para trasladar el soporte físico al virtual, revisar su modelo operativo y, en el ámbito comercial, centrarse en la experiencia del cliente como argumento principal para mantener las cifras de negocio sin perder a futuro un lugar preferente en el monedero de sus clientes. Esto requiere de importantes inversiones, que deben aplicar a sus propias estructuras o mediante la subcontratación de arquitecturas modulares de terceros para garantizar la eficiencia y el “time to market”.

El crecimiento del comercio electrónico en estos meses de aislamiento y miedo al uso del dinero en efectivo apunta a que, en los próximos dos años, casi el 80% de las compras se realizarán mediante tarjeta física o eWallets, en una proporción de 3 a 5 respectivamente. Aunque en ambos casos estamos hablando del mismo producto, tarjeta de crédito o débito, sus atributos ya consolidados, como la familiaridad, universalidad, seguridad, fiabilidad, etc., les garantizarán la continuidad, si bien los emisores no pueden perder de vista la entrada de los sistemas de pago basados en cuentas, como las transferencias instantáneas o las domiciliaciones directas, que abaratarán costes de transacción, reducirán la intervención de intermediarios y evitarán el uso de instrumentos de pago adicionales.

La más que probable competencia entre ambos modelos, tarjeta vs cuenta, requerirá de fuertes inversiones para el ajuste de los puntos y canales de venta, la gestión de los flujos de dinero y para la aceptación de compradores y vendedores. Dado que la regulación de los sistemas de pago (a través de las directivas PSD2, GDPR, PAD, WTR2, AML5) ya prevé los nuevos escenarios que vamos a encontrar, se espera que la industria financiera, en su conjunto, perfile una estrategia que ubique al usuario no en el centro de su foco innovador, sino en toda la cadena de valor del proceso de pago ya que, como emisores y adquirentes de pagos tienen una dilatada experiencia en la administración de cuentas y de tarjetas cuya operatoria básica terminará confluyendo en una solución única y simplificada, que mejorará substancialmente la experiencia de pago del usuario, siendo ésta más consistente y coherente con sus expectativas, tanto en entornos físicos como virtuales.

La frontera entre lo offline y lo online se reducirá a una línea imperceptible cuando se consiga que el usuario opere de forma segura y confiable en cualquier canal con una misma solución tecnológica que respalde el pago de extremo a extremo. Dará igual que una misma persona realice transacciones de pago en una tienda física o en una digital ya que la experiencia será muy parecida al seguir procesos similares que unificarán las pautas de conducta en ambos entornos. Tampoco habrá diferenciación entre cuenta o tarjeta porque el origen del pago se hará desde un depósito digital y a través de un dispositivo también electrónico (o biométrico).

Si recuperamos el concepto “phygital” usado en marketing, en muy poco tiempo estaremos ante los “Phygital Payments” para lo cual la industria financiera tendrá que orientarse a conectar la experiencia de pago online y offline con total fluidez, garantizando inmediatez y agilidad en los procesos, aportando los recursos para obtener una experiencia inmersiva y emocionalmente positiva, y permitiendo la interacción humana para mantener activo el contacto personal que hace más creíble y confiable la comunicación entre las partes que intervienen.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO en MOMO Group 

Publicado en el Nº 63 de IT USER (págs. 144-146)

2021: Año Fintech

Cuando pensamos en innovación financiera, en la actualidad ponemos el acento en la industria Fintech, ya que es la que está aportando un valor diferencial real a la oferta tradicional de productos y servicios básicos frente a una banca que ha reaccionado a rebufo de las pequeñas empresas tecnológicas nacidas de las convulsas consecuencias de la crisis del 2008.

Asociar Fintech e innovación es intuitivo porque la tecnología define su base de actividad; pero deberíamos tener en cuenta que lo trascendente de la innovación no es añadir capas de tecnología (fundamentalmente digital) a productos o procesos ya existentes para mejorar los primeros o hacer más eficientes los segundos, sino que su efecto ha de tener la capacidad de mejorar los niveles de vida de las personas que están involucradas en su aplicación. Y hablo de las personas, no directamente de la empresa, ya que los resultados positivos en el balance de ésta serán consecuencia de que las innovaciones llevadas a cabo proporcionen ese incremento de calidad de vida de empleados y clientes. Los primeros porque se benefician del uso de herramientas que permiten mejorar su productividad y poner en valor sus habilidades para que esa innovación sea incremental; y los segundos porque pueden acceder a productos y servicios directamente relacionados con sus necesidades, mediante la adopción de aplicaciones y sistemas a su alcance en función de sus capacidades económicas y tecnológicas. En este punto, si la oferta y la demanda encuentran un equilibrio estable será cuando la innovación tenga sentido y éxito.

En la última década, la banca convencional ha luchado por alcanzar y mantener ese equilibrio con diferentes resultados, confusos cuando abordar la transformación digital ha venido aparejada del cierre de oficinas y reducción de plantilla. Paralelamente, nuevos agentes han entrado en liza partiendo de la ventaja de tener resuelta la propuesta de innovación tecnológica y una narrativa coherente con las expectativas del mercado. Así, Neobancos y Challenger Banks han ocupado una parte importante del panorama financiero y se han posicionado como las alternativas viables o como los aliados necesarios para sustentar el sector con una oferta conveniente, pertinente y que concierna a los intereses reales de sus clientes.

En medio de esta historia, se nos ha colado la crisis de la Covi19 trastocando la planificación estratégica de las entidades y, sobre todo, truncando vidas y proyectos personales. Los cambios de conducta de consumo de los clientes no solo han obedecido a la necesaria adaptación a una realidad donde los puntos de contacto se han reducido a los canales electrónicos, sino que el elevado desempleo, por un lado, y el requerimiento de perfiles tecnológicos, por otro, han ampliado el escenario de riesgo que no encaja con los modelos de evaluación estándares usados hasta el momento, los cuales han de ser revisados para incorporar parámetros relacionados con perfiles comportamentales y psicológicos.

Los factores que impulsaron las Fintech en estos años arraigaron con fuerza, si bien la crisis del coronavirus ha enfatizado su presencia, sobre todo en mercados como los asiáticos, donde los nuevos ecosistemas financieros avalados por Ant Financial (Alipay), Tencent (WeChat) y PayTM (PayTM Payments Bank) han afianzado, además, nuevos estilos de vida. En las economías occidentales, con ideologías y sistemas económicos muy diferentes, ha primado la regulación para proteger la privacidad de datos y permitir el acceso a la información bancaria (open banking), lo que ha favorecido la aparición de un número mayor de entidades en las que el usuario puede depositar su confianza, atributo que se ha convertido en valor estratégico.

Por encima de la oferta de productos y servicios (únicamente diferenciables por precio), estas dos variables, conocimiento del cliente y la confianza de éste, son las que marcarán la ventaja competitiva junto con una tercera: el propósito. Éste se ha convertido, más allá de las políticas particulares de RSC, en el eje principal de relación entre la empresa y su mercado, con el que puede demostrar la defensa de sus principios sociales y medioambientales, y con el que puede dar forma a sus objetivos de desarrollo.

Tecnología (5G, Apis abiertas, blockchain, AI, Data Sciences, XaaS…) y regulación harán que la banca tienda a ser cada día más invisible y ubicua. Que abandone la distribución vertical y se cuele mediante asociaciones en ecosistemas no financieros para dar soporte a transacciones financieras. Para lograrlo, será la proveedora de la plataforma y de los servicios (modulares como un tangram) ofertados, pero no será propietaria del canal ni responsable de la primera capa de experiencia del usuario, en la que éste debe sentirse autónomo y confiar en la seguridad de sus operaciones. El cliente será, no el centro, sino la entrada y salida de todo el proceso de negocio, en el que los ingresos no vendrán determinados por la venta de productos y servicios tasados, sino por el coste aplicado a las transacciones realizadas (asumido por el usuario y/o por las empresas que usan la plataforma financiera).

Mientras que a la banca convencional le costará cambiar su enfoque y adaptar su arquitectura heredada, las Fintech tienen en 2021 (segundo año de pandemia) la oportunidad de consolidarse manejando aquellas tres variables: conocimiento de cliente, confianza y propósito, para construir una conexión emocional con el cliente a través del valor que pueden aportar en cualquiera de los puntos de contacto que puedan establecer con él. No se trata de hiper-personalizar la oferta de servicios sino de estar (“sin estar”) detrás de cualquiera de las acciones que haga el usuario y que precise una transacción financiera.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group.

 Publicado en el Nº 62 de IT USER (págs. 78-80)

EL BANCO DE ESPAÑA APRUEBA A SEFIDE EDE LA AMPLIACIÓN DE SUS ACTIVIDADES FINANCIERAS

 

El 1 de junio ha sido publicada en Banco de España la ampliación de actividades para nuestra Entidad de Dinero Electrónico, lo que nos sitúa a la vanguardia en cuanto a oferta financiera digital. 

Tras un estricto proceso de documentación y demostración de sus capacidades técnicas, de gestión y regulatorias, hemos obtenido la autorización del Banco de España para ampliar nuestras actividades en cuanto a la oferta de productos y servicios financieros básicos.

Ya en 2013 realizamos la primera operación en España de pago en comercio físico con un dispositivo móvil a través de su plataforma “momo pocket”, y en 2014 obtuvimos la licencia bancaria como entidad de dinero electrónico (clave entidad 6705) para poder emitir, procesar y reembolsar dinero digital de extremo a extremo. Ello nos ha permitido ofrecer servicios regulatorios, de banca y de plataforma a otras empresas (modelo B2B) para ayudarles a comercializar sus productos con total garantía y transparencia, aportando canales electrónicos más eficientes y dentro del marco normativo establecido a nivel europeo.

En 2019 fuimos una de las entidades que logró la certificación de los requisitos de la nueva directiva de servicios de pago UE 2015/2366 (PSD2) sobre estos servicios en el mercado interior, lo que implicó situarnos entre las entidades capacitadas para la integración de su sistema de pagos en el nuevo modelo denominado “open banking”, consiguiendo con ello la desintermediación de las operaciones de pago en establecimientos comerciales y la adaptación a las nuevas demandas de los consumidores, cada vez más exigentes con la rapidez, agilidad, fiabilidad y eficiencia, para poder hacer cualquier transacción cuando y desde donde quiera.

Y en este mes de junio, hemos vuelto a superar las exigencias del Banco de España para ampliar nuestras actividades completando así nuestra oferta con servicios financieros básicos orientados a empresas y particulares, como son las transferencias en entorno SEPA, domiciliaciones recurrentes y ordinarias, servicios de emisión y adquirencia de medios de pago, emisión de tarjetas de débito, iniciación de pagos, información y agregación de cuentas, etc.

Con ello, en SEFIDE EDE ampliamos nuestras capacidades al obtener la autorización para el mayor número de actividades en el sector de Entidades de Dinero Digital a nivel nacional  y completamos nuestra oferta financiera, entre la que destaca el próximo lanzamiento de su tarjeta MOMO Card Debit gracias a la alianza estratégica con VISA y STMP (Sistema de Tarjetas y Medios de Pago). Con ello, cualquier persona podrá tener una cuenta de dinero electrónico, una tarjeta VISA y los servicios financieros básicos en su móvil, para poder gestionar de una forma muy ágil su dinero con total seguridad y comodidad.

 

Método único para los pagos digitales.

El último informe publicado por Capgemini sobre los medios de pago (World Payments Report 2018) recoge que el volumen de transacciones digitales a nivel global creció un 10.1% desde 2016, hasta alcanzar los 482.6 mil millones. Asia con un 25.2% y el área CEMEA (Europa Central, Oriente Medio y África) con un 17.1%, lideraron un crecimiento cuyos ratios fueron acelerados en los mercados emergentes gracias a la intervención de los gobiernos, que hicieron verdaderos esfuerzos por facilitar la inclusión financiera y la adopción de los pagos móviles, particularmente en China, India y Sudáfrica. En cambio, los mercados maduros como los países asiáticos del Pacífico, USA y Europa mantuvieron un crecimiento estable del 7.1%.

Las operaciones “sin efectivo” seguirán creciendo gracias a aquellos países emergentes, los cuales realizan ya una tercera parte de las transacciones globales y la mitad del volumen total en cuanto a importe, a pesar de que el mercado está siendo acaparado por las grandes BigTech (Google, Amazon, Facebook, Apple, Alipay y Tencent). Estas compañías seguirán protagonizando los principales crecimientos debido a que parten de la ventaja de tener una extensa base de datos de usuarios con la que han creado un gran impacto en el espacio de pagos digitales, centrándose en la experiencia de usuario, en las funcionalidades de valor añadido y en los efectos de haber hecho uso de las redes sociales como valiosa fuente de información conductual y como plataforma de lanzamiento de sus soluciones de pago.

Si revisamos la evolución de los sistemas de pago a lo largo del tiempo, encontraremos que, aunque variase el método de valoración y de respaldo de los activos monetarios puestos en circulación, los mercados han tenido en cada etapa histórica los mismos patrones de funcionamiento: el trueque, la moneda, el papel moneda, el cheque, el pagaré y la tarjeta de crédito; todos ellos han llegado a convivir y a substituirse en algunos casos, pero su “modus operandi” ha sido compartido globalmente. En cambio, los sistemas de pago electrónicos, debido a la pluralidad de soluciones que aporta la tecnología, se han diversificado de tal manera que cada compañía pugna por liderar el mercado en función del número de usuarios que lo utilizan, no porque funcionalmente la suya sea la más adecuada.

Así, nos encontramos desde wallets que agregan tarjetas de crédito para pagos online y offline, aplicaciones para dispositivos móviles respaldadas por cuentas bancarias, “wearables” que integran sistemas NFC o RFID, lectores en punto de venta (POS) que leen códigos barra o QR, hasta códigos QR impresos que son leídos directamente por el usuario con su smartphone. Una de las razones por la que los pagos, a nivel global, se están haciendo digitales es la amplia oferta de sistemas que aceleran su adopción, si bien el ritmo no es como se esperaba debido a la superposición entre ellos y, a su vez, con los métodos tradicionales todavía existentes.

Por otro lado, el ecosistema de pagos digitales involucra, además de al comercio y al consumidor, a los proveedores de servicios de pago, a las entidades emisoras y adquirentes, a las redes que intermedian y a las empresas que articulan programas de fidelización. Un complejo sistema que, en el caso de las entidades de dinero electrónico, se ve simplificado, pero que requerirá del establecimiento de un modelo de interconexión de pagos que resuelva con un procedimiento interoperativo común el uso de las aplicaciones y sus tecnologías asociadas.

En un escenario tan saturado de métodos, prevalecerá el que se enfoque a la pertinencia de la solución y a la experiencia que el consumidor tenga durante su uso (con variables como la sencillez, seguridad, confianza, rapidez, conveniencia, flexibilidad, precio, etc.), así como a resolver la realización y el control de las transacciones de pago bajo procedimientos regulados y con independencia de quién sea el emisor y el adquirente.

Tecnologías como blockchain/DLT, los recursos cloud, la “apificación” de las soluciones, las versiones “plug & play” y las plataformas de servicio abiertas están ya disponibles para simplificar la interoperabilidad de todos los sistemas de pago electrónicos a nivel global, de manera que el conjunto de procedimientos sea común para todos los procesadores y para todos los usuarios. Entidades como SEFIDE EDE trabajan en este sentido, colaborando con otras empresas europeas para crear espacios comunes donde simplificar la metodología e interoperar los pagos electrónicos con independencia de la aplicación de usuario y del país donde se realicen. Universalizando los pagos, en definitiva.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group

Publicado en el Nº 48 de IT USER (págs. 64-65)

Consideraciones a partir del European Payment Report 2019

El último informe publicado por INTRUM, European Payment Report 2019, desvela algunos datos interesantes, o curiosos, sobre el estado actual del mercado de pagos y las implicaciones que puede tener para el esfuerzo por ampliar las opciones del dinero digital.

Adelantamos algunos para reflexionar sobre ellos:

Cerca de un 30% de las empresas españolas no quieren adaptarse a un mundo sin dinero en efectivo porque creen que el gasto del consumidor disminuirá en una sociedad que goce de una economía digitalizada. Frente a esto, cabe pensar que si todas las personas tuviéramos a nuestra disposición todo nuestro dinero en una cuenta y no existiera el efectivo gastaríamos lo mismo o más debido a que la percepción del gasto es diferente cuando se realiza de una forma u otra; y también tendríamos más control sobre nuestros gastos.

 ¿Cuándo cree que su país será un país sin efectivo?

 

El 40% de las empresas cree que el riesgo de las operaciones descenderá con una sociedad sin efectivo y un 43% opina que no tendrá repercusión. Aunque existe cierta sensación de inseguridad en las transacciones digitales, es cierto que la pérdida del dinero efectivo o su sustracción generan más miedo debido a la irrecuperabilidad del último cuando se produce. En cambio, los sistemas actuales de tokenización de los datos garantizan la inviolabilidad de las transacciones digitales.

El 28% de las personas que han realizado la encuesta opina que la eficiencia de las rutinas y contabilidad de los pagos aumentará; en cambio, el 32% creen que descenderá. Una de las grandes ventajas del dinero electrónico es la facilidad e inmediatez de las transacciones, por lo que la contabilización y la gestión de las cuentas es más sencilla y permite agrupar fondos y obtener posiciones globales.

 El 35% de las empresas cree que los gastos generales descenderán y el 42% piensa que no tendrá impacto alguno. El 36% de las empresas españolas piensa que los costes operativos descenderán en una sociedad sin efectivo y el 40% piensa que no tendrá impacto. Por otro lado, El 30% opina que con una sociedad sin efectivo aumentará el potencial del big data a partir de la información de las transacciones y un 32% creen que descenderán. Estos porcentajes crean cierto desconcierto, ya que cualquier transacción es susceptible de sumarse a un conjunto mayor de datos cuyo análisis aporte valor en la creación de estrategias de fidelización, por su trazabilidad y por aportar datos acerca de la conducta de los usuarios. Lo cual ayudará, sin duda, a crear procesos más eficientes y a estrechar relaciones con los clientes.

 En cuanto al nivel del gasto en consumo el 34% cree descenderá mientras que el 43% piensa que no tendrá impacto alguno. La repercusión en el riesgo a la pérdida de clientes se mantiene en similares ratios: 36% piensa que descenderá y el 43% creen que no tendrá repercusión alguna. Estas cifras pueden estar relacionadas con la sensación que tiene el 40% de que la exposición a los ciberataques aumentará, un 25% que descenderá y un 32% opina que no tendrá impacto. La creencia de la vulnerabiliad de las operaciones electrónicas frente a ciberataques es inevitable, aunque las entidades de dinero electrónico estamos sujetas a los máximos niveles de seguridad informática, habiendo desarrollado estándares que recientemente han sido migrados a blockchain para reducir el riesgo a cero. Por otro lado, garantizamos el 100% de los fondos depositados, a diferencia de las entidades convencionales que solo pueden respaldar el importe máximo legalmente previsto por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), en la actualidad 100.000€ por titular en caso de insolvencia del banco titular.

 En conclusión, podemos observar que una gran proporción de las personas creen que una sociedad sin efectivo no tendrá impacto en ninguna de los factores que se ofrecen.

 

 

Beneficios de Dinero Electrónico

El uso del dinero en efectivo decrece anualmente debido a la generalización de los sistemas de pago electrónico; los sistemas que han sustentado la economía global han evolucionado conforme lo han hecho las necesidades, en cada período histórico, de ampliar las relaciones comerciales desde las establecidas entre grupos cercanos, mediante el trueque, hasta nuestros días, cuando no existen fronteras ni distancias para realizar cualquier tipo de transacción.

El dinero electrónico aporta ventajas de indudable valor como es la facilidad de acceso desde un dispositivo móvil, así como a todos los movimientos que se realicen desde cualquier aplicación financiera y que quedan reflejados en la cuenta de dinero digital asociada.

Un aspecto relevante es la seguridad que aportan estos sistemas que impide que el dinero se pueda perder o lo puedan sustraer, aunque se pierda el móvil, ya que los datos no se encuentran en el móvil sino en el servidor del proveedor del servicio, al que solo se puede acceder con PIN, Huella Digital/Touch ID o reconocimiento facial/Face ID. En el caso de robo, se puede acceder desde otro dispositivo, introduciendo la clave personal, y seguir operando con normalidad.

Una parte de consumidores recela de la innovación financiera, prefiriendo el dinero físico al electrónico, porque no confía en la disponibilidad total de sus depósitos. En realidad, esta situación se produce por desinformación ya que el funcionamiento de una cuenta de dinero digital es igual que la de una cuenta bancaria tradicional, con la ventaja añadida de que sus fondos están garantizados al 100%, mientras que las entidades convencionales solo pueden respaldar el importe máximo legalmente previsto por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), en la actualidad 100.000€ por titular en caso de insolvencia del banco titular.

Otra de las ventajas del dinero electrónico es la inmediatez en la realización de las transacciones, ya que estas se realizan en tiempo real, sea una compra o una transferencia, de manera que tanto el cargo en la cuenta del ordenante como el abono en la del beneficiario quedan anotadas en el instante de realizar la operación.

Un 70% de los clientes de las entidades financieras está registrado en banca electrónica, fundamentalmente porque las actividades típicas que antes debían realizarse en una sucursal han sido adaptadas a un dispositivo electrónicos que aportan comodidad y facilidad de uso. Estos usuarios, una vez descubierta la sencillez de esta operatoria online, en su mayoría no han vuelto a ir a su oficina para esas mismas operaciones. La tecnología nos hace la vida más cómoda, y en el ámbito financiero es donde más inversión en innovación se ha realizado.

En países como Suecia se está acercando al desvanecimiento del dinero físico; en España queremos aportar nuestro servicio de dinero electrónico para intentar alcanzar parecidas cotas de uso. Ya en 2016 se superó por primera vez el uso de dinero electrónico a la utilización del dinero físico, incluyendo tarjetas de créditos, compras por internet… Decisiones como que numerosos establecimientos no acepten dinero físico en los países nórdicos o en China, y que la mayoría de las oficinas bancarias no permiten depositarlo o retirarlo, determina que los ciudadanos de dichos países terminan por acostumbrarse a la no utilización del dinero físico, sin que haya consecuencias de orden económico o social, salvo las derivadas de las nuevas funcionalidades que incorporan los pagos digitales para evitar transacciones soportadas con dinero negro.

El control de tus gastos es más palpable con estas innovaciones que te ofrecemos. ¿Qué necesidad tienes de llevar la cartera? Llevar todo en el móvil es posible con una simple recarga.

  • No hay que llevar dinero físico
  • No se puede perder el dinero porque no es tangible.
  • Se puede tener mejor control de los gastos.
  • Remitir dinero es instantáneo y sin conste para el usuario.
  • El dinero físico se puede convertir en electrónico y viceversa, por lo que esta barrera es fácilmente superable gracias a los acuerdos con terceros (bancos convencionales y plataformas de cajeros automáticos).

Los pagos digitales basados en QR conquistan Europa

 Hace casi un año les refería que “el pago móvil se escribe en chino”, un apunte acerca del comportamiento de los usuarios de la aplicación Alipay tras el estudio realizado por Nielsen en 2018. Lo concluía apuntando que una de las cuestiones que había que priorizar para estimular la visita del turismo chino a nuestro país (y a Europa) sería la facilitación del pago mediante Alipay. Con esa apuesta, además de ampliar las opciones de pago en los comercios, el objetivo es atender a una sociedad que muestra unas preferencias claras tanto en la selección de destino como en la decisión de compra.

Hace unos meses, volviendo sobre este asunto, insistí en prestar atención a “la disrupción que viene de China”, ya que la expansión que han tenido las plataformas de pago móvil en el mercado asiático ha favorecido su escalabilidad y el avance hacia otros mercados donde sus usuarios esperan ser atendidos como en su país de origen. De hecho, en el marco de la final de la UEFA Nations League, Eric Jing, Presidente y CEO de Ant Financial (entidad que respalda Alipay), anunció el acuerdo al que han llegado con seis empresas europeas para promover la interoperabilidad de los pagos digitales basados en códigos QR, de manera que todos los titulares de los monederos electrónicos que participan puedan hacer uso de ellos, inicialmente, en diez países europeos y en China.

De esta forma, cuando los turistas chinos viajen al extranjero, tendrán la misma experiencia de pago móvil que tienen en China, lo que implicará que prefieran los establecimientos donde puedan hacer uso de Alipay y que gasten más en ellos. La consecuencia es un apoyo a las empresas locales, que ahora se ve reforzado por el acuerdo firmado con los siete wallets europeos como materialización de su voluntad de continuar profundizando y fortaleciendo la oferta de servicios en Europa, ayudando a conectar el máximo número posible de comerciantes con el mayor número de turistas chinos y europeos.

Bluecode (Austria y Alemania), ePassi (Suecia, Dinamarca, Eslovenia e Islandia), Pagaqui (Portugal), Pivo (Finlandia), Vipps (Noruega) y SEFIDE EDE (con su aplicación Momo Pocket en España) aportarán en conjunto más de cinco millones de usuarios y en torno a 190.000 comercios. Cifras que se verán incrementadas con los usuarios de Alipay que visitan anualmente Europa (14,2 millones en 2018). Por su parte, los comercios que ya aceptan el pago mediante móvil de cualquiera de esas siete aplicaciones en su mercado nativo, podrán ampliar la adquirencia al resto de clientes provenientes del conjunto de estas entidades. Se producirá así el acceso combinado de las bases de usuarios de todos estos medios de pago para ampliar sus redes comerciales y ofrecer un servicio estandarizado a millones de personas, igualando procesos y garantizando la misma experiencia de uso en todos los puntos de venta adheridos.

El objetivo es crear una plataforma común para que en la UE se pueda compartir un mismo sistema de pago electrónico mediante el que cualquier persona pueda usar su monedero móvil. Universalizar los pagos utilizando un mismo código QR es un inequívoco paso hacia la simplificación del sistema mediante un estándar seguro que impulsará el negocio de los comercios europeos y ayudará a substituir el dinero efectivo por los pagos digitales.

Esto es algo que SEFIDE EDE viene haciendo desde hace seis años cuando operó el primer pago mediante móvil en España. Desde entonces, en palabras de Mariano Mora, CEO de MOMO Group, “la compañía se ha expandido para ayudar a los comerciantes a aumentar sus ventas al aceptar pagos QR de miles de turistas chinos a través de Alipay; de ahí nuestro entusiasmo con la idea de que nuevos socios se unan en esta colaboración, ofreciendo a todos los usuarios más posibilidades de utilizar su aplicación móvil preferida, también cuando viajan al extranjero«.

Más que generalizar una forma de pago, estamos ante la creación de una red global que, en cambio, garantiza la personalidad de cada wallet.

 

José Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group

 

Publicado en el Nº 47 de IT USER (págs. 166-167)

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