Como consecuencia de la transformación imparable de cualquier modelo de negocio bajo la perspectiva de que es el consumidor final quien quiere establecer una relación directa con aquel que tiene la capacidad y la oportunidad de ofrecer un producto o un servicio innovador, el sector financiero emergente (Fintech) no ha perdido la oportunidad de crear aplicaciones verticales que aportan soluciones específicas para realizar pagos, contratar seguros, realizar inversiones, hacer donaciones o demandar la cobertura de otros servicios. El crecimiento y la rápida expansión de estos nuevos actores se ha producido al mismo tiempo que se generaban, en otros ámbitos, sistemas que permitían acceder a aplicaciones y plataformas sin necesidad de contratar licencias ni atarse a proveedores fijos; nos referimos a conceptos como “Software as a Service” (SaaS),  “Platform as a Service” (PaaS) e “Infrastructure as a Sevice” (IaaS), modelos que permiten pagar solo por el uso de una aplicación, plataforma o infraestructura.

En el marco de estos ecosistemas tecnológicos, los usuarios de servicios financieros aspiran a poder disfrutar de ventajas como controlar sus datos y realizar cualquier tipo de operación, desde cualquier lugar, con cualquier dispositivo y con cualquier agente, sin tener que depender de una o varias entidades para gestionar su dinero ni estar encorsetado por una acotada oferta de productos de ahorro, medios de pago, inversión o financiación. El usuario quiere sentir la libertad de disponer de sus recursos sin las limitaciones convencionales.

De esta forma nacen los conceptos Bank as a Sevice (BaaS) y Bank as Platform (BaaP) para proporcionar soluciones seguras, inteligentes, personalizadas, reguladas y en tiempo real a los usuarios, mediante un esquema integral de procesos en el que intervienen los proveedores de servicios necesarios para garantizar la ejecución de operaciones de extremo a extremo (desde el oferente al demandante), en un entorno web y bajo demanda del usuario en cada momento.

La fortaleza del BaaS proviene de la articulación de dos condicionantes: primero, el fiel cumplimiento de la legislación bancaria de cada país que ha de observar cualquiera de las empresas que intervienen en el conjunto de procesos, debiendo tener al menos una de ellas licencia emitida por el banco central correspondiente para poder emitir y procesar dinero electrónico (aquí se apoya en el concepto BaaP); y la segunda, la integración de un conjunto de API’s (Interfaz de Programación de Aplicaciones) desarrolladas a medida para poder ejecutar cualquier transacción garantizando el cumplimiento de las normas de seguridad, protección de datos y prevención de operaciones fraudulentas.

Las funcionalidades de estas API’s permiten brindar capacidades abiertas y distribuidas de manera que cualquier empresa puede hacer uso de ellas sin necesidad de crearlas en sus propias plataformas, lo que las dota de mayor flexibilidad, menor coste de estructura y de mejor acceso a conjuntos de datos enriquecidos. De esta forma, BaaS/BaaP se pueden integrar (como Middleware) en medio de un esquema compuesto en su base por la banca convencional y, en el otro extremo, por todas las Fintech que quieran particularizar su cartera de servicios financieros mediante canales propios. Así, estas últimas podrán competir con la banca convencional sin necesidad de crear nuevos productos, y las grandes entidades podrán diversificar su oferta sin depender de la red de distribución clásica, llegando a mercados con escasa penetración y partiendo de ratios de eficiencia más atractivos.

Los proveedores de servicio BaaS proponen nuevas funcionalidades y las plataformas BaaP comparten las suyas con cada cliente conectado, uniéndose en un solo ecosistema funcional que integra a todos los actores para brindar la oportunidad al consumidor final de tomar las mejores decisiones para sus necesidades financieras. La ventaja de este esquema, como hemos desarrollado en SEFIDE EDE, es que los usuarios pueden disponer de un interfaz no necesariamente bancario (por ejemplo, un portal de eCommerce, un Marketplace o una Telco) desde donde puede acceder, mediante una plataforma creada por un “banco marca blanca”, a una amplia oferta de servicios financieros.

 

osé Manuel Navarro Llena

CMO MOMO Group.

Publicado en el Nº 44 de IT USER (págs. 128-129)